domingo, noviembre 22
nuevos tiempos
viernes, noviembre 20
imitación
jueves, noviembre 19
préstamos (no mamen)
Qué risa. No, esto no es un reclamo ni una denuncia ni nada por el estilo, sólo algo que nomás no me cuadra. Algo que me sorprende y me avergüenza no sé por qué. Resulta que esta blogger se copió y mutiló todos los clown tips que he publicado aquí hasta la fecha.
Y sólo por no dejar: Tú chava, si vas a tomar prestado algún texto de los que aquí cuelgo, cámara, no hay tos. Si te sirven mis palabras para impresionar o retener a tu novio, o para subirte el autoestima, ya vas: te las regalo, a mí no me han servido para mucho. Pero te lo advierto, si quieres sentirte creativa o talentosa, yo, por principio, desconfiaría seriamente del buen gusto y de los hábitos de lectura de cualquiera que considere que mis palabras valen algo.
Me vale madres que te atribuyas mis textos, lo digo sinceramente. Lo que sí me jode es que mutiles y cambies lo que está escrito ahí, porque yo sé que no estoy conjugando la belleza y que la perfección no está en mi lengua, pero sí he intentado cristalizar en este blog episodios específicos de mi vida y les he tomado cariño a esas transcripciones de mi memoria, esos recuerdos decantados. He sudado mis palabras y mi vida, así que no mames. No me chingues, cada palabra es un esfuerzo que hago por ordenar el desmadre de mi cabeza y me jode de manera horrible- de esto me acabo de dar cuenta hoy, cuando leí tu blog- que cambien una sola letra de algo en donde está vertido yo como persona. No me importa que esa persona realmente sea yo o quieras ser tú, no me importa que esa persona sea anónima, pero no intentes cambiarla. Carajo, ¿es que no te das cuenta? Adentro de estos textos late otra vida -que ya no es la mía- y tienes que respetarla precisamente porque ya no le pertenece a nadie más que a las propias letras que lo conforman. No la chingues. Y sí lo haces, por favor que no me entere, no te suscribas este blog, no seas bruta ni gandalla.
Y ya, creo que es todo. Por cierto, desde hace como un año y medio me divierto poniéndome una nariz roja e intento aprender el difícil arte de ser idiota en un escenario. La mayoría de los escritos guardados en la categoría clown tips son un resumen de lo que voy aprendiendo en cursos, talleres y ensayos, lo digo nada más para sepan.
PD. Aunque creo que lo que en verdad me molestó es el pendejo de Enrique Bunbury de fondo:
lunes, noviembre 16
***
Y bueno, tal vez lo único que necesitan saber acerca de Don es que el tipo era un hijo de puta. Un dealer gordo y asqueroso que siempre olía a vómito y a sudor; lo cual no le impedía en absoluto bajarte a tu vieja cualquier día, y luego mandarte en un paquete sus calzones -los de ella, esos que tanto te gustaban- acompañados por un condón usado. Un culero de tiempo completo, se los digo yo. Lo considerábamos parte de la banda no porque tocara una chingada, sino porque Agus siempre estaba con él por alguna razón. Se conocían desde la infancia y a Don le encantaba contar del día en que le vendió a Agus su primer pasón de coca, cuando éste tenía no más de 13 años. Pero supongo que esa es otra historia.
Las cosas ya estaban mal desde hacía tiempo. Efedrinas, anfetas, metanfetaminas, diazepan, estricnina, metrazol. Don nos surtía de todo tipo de pastas que nosotros aceptábamos como niños recibiendo su colación de navidad. Supongo que ésa era otra de las razones por las cuales habíamos aprendido a quererlo o al menos a soportarlo en todos los ensayos. Las pastas no eran lo nuestro, pero eran bastante divertidas. Un par de pastillitas y enseguida el hervidero de la sangre nos hacía pisar a fondo el pedal de la histeria. Nada puede compararse al acelere del corazón, latiendo como una pera de box golpeada por un gorila desquiciado y sin ritmo; las ganas de patearle el culo al mundo, las ansias que nos hacían colarnos a una fiesta tras otra buscando todo menos el descanso.
Pasábamos días enteros sin dormir, yendo de un lado a otro sólo para gastar energía. Hacíamos dos tocadas por noche y nos emborrachábamos al triple. Siempre mostrando los dientes, como si la mandíbula quisiera escapar de nuestra boca; sin poder quedarnos quietos un solo segundo entre brincos, aplausos, risas y golpes. No, definitivamente las pastas nunca fueron lo nuestro, pero eran demasiado divertidas. Tan sólo necesitábamos encontrar la combinación correcta; una para la subida, después otras dos para la bajada. Todo iba sobre ruedas. Lo mejor entonces era el polvo, esnifar y esnifar hasta sentirse el mero mero rey chingón, el verga de oro, el cristo puede-lo-todo y vengan a ver cómo resucito después de la peda más romana. Pero claro, los problemas aparecen cuando algún imbécil empieza a tomarse en serio el viaje. Alguien como yo, por ejemplo.