domingo, noviembre 22

nuevos tiempos

Soy un dramático. Un cursi fácil a quien, sin embargo, le cuesta un huevo sonreír con sinceridad y mantener una conversación sin mostrar un desinterés olímpico. Supongo que, por lo mismo, he aprendido a optar por el silencio o la mentira antes que revelar cualquier tipo de opinión o nada que tenga que ver con mi vida. No sé cómo me fui convirtiendo en lo que soy, siempre escapando de todo. Hace años que no veo a quienes considero mis verdaderos amigos, cada día siento que pierdo un pedazo de sus caras; veo imágenes cada vez más borrosas de viajes y fiestas y borracheras larguísimas; escucho risas que ya no reconozco, llantos que ya no le pertenecen a nadie. En esos años, me acuerdo, todos nos llamábamos 'hermanos': Qué tal, mano, No te preocupes, carnal, Préstame a tu vieja, hermanito, Vete a la chingada, bróder, Pásatela suave, hermano. Tal vez el problema fue que yo me creí demasiado aquel cuento. Ahora nos vamos olvidando los unos de los otros con una lentitud tenaz y fría, todos por rutas opuestas, conociendo nuevas personas, nuevos trabajos, nuevos tiempos. Pero los nuevos tiempos siempre apestan porque son cada vez más cortos y más ojetes, al menos para mí que sólo siento desesperación y aburrimiento por la gente que me rodea todos los días. Incapaz de establecer cualquier tipo de relación con nadie, procuro nunca saludar, ni despedirme; escupir un sí o un no, cuando es inevitable, y largarme en seguida. A veces siento que soy invisible, que nadie nota mi presencia ni me conoce. Entonces me siento un fantasma en un mundo de fantasmas o de sombras, donde todos estamos mudos o sordos o alucinados; donde todos morimos jóvenes hace mucho tiempo, con un Hola en la punta de la lengua, con los ojos esperando alguna última señal para continuar viviendo. Chale, yo quería escribir algo feliz, pero les digo: soy un pinche dramático.

viernes, noviembre 20

imitación

No eres tan malo para imitar, creo, pero siendo imitado te sientes incómodo. Tu humildad es una soberbia torcida. Tal vez todo se deba a que siempre estás imitando a alguien que no existe. Estás vacío porque no crees en la personalidad, piensas. Pero eres un tonto, porque pensar no te salva de aquello en lo que no crees. Cómete tus creencias, idiota: no puede ser que no puedas callarte. ¿Por qué te esfuerzas tanto en ponerte en el centro de la nada? 

Tu castigo es el silencio de las risas compasivas.

jueves, noviembre 19

préstamos (no mamen)

         Qué risa. No, esto no es un reclamo ni una denuncia ni nada por el estilo, sólo algo que nomás no me cuadra. Algo que me sorprende y me avergüenza no sé por qué. Resulta que esta blogger se copió y mutiló todos los clown tips que he publicado aquí hasta la fecha.

Y sólo por no dejar: Tú chava, si vas a tomar prestado algún texto de los que aquí cuelgo, cámara, no hay tos. Si te sirven mis palabras para impresionar o retener a tu novio, o para subirte el autoestima, ya vas: te las regalo, a mí no me han servido para mucho. Pero te lo advierto, si quieres sentirte creativa o talentosa, yo, por principio, desconfiaría seriamente del buen gusto y de los hábitos de lectura de cualquiera que considere que mis palabras valen algo.

Me vale madres que te atribuyas mis textos, lo digo sinceramente. Lo que sí me jode es que mutiles y cambies lo que está escrito ahí, porque yo sé que no estoy conjugando  la belleza y que la perfección no está en mi lengua, pero sí he intentado cristalizar en este blog episodios específicos de mi vida y les he tomado cariño a esas transcripciones de mi memoria, esos recuerdos decantados.  He sudado mis palabras y mi vida, así que no mames. No me chingues, cada palabra es un esfuerzo que hago por ordenar el desmadre de mi cabeza y me jode de manera horrible- de esto me acabo de dar cuenta hoy, cuando leí tu blog- que cambien una sola letra de algo en donde está vertido yo como persona. No me importa que esa persona realmente sea yo o quieras ser tú, no me importa que esa persona sea anónima, pero no intentes cambiarla.  Carajo, ¿es que no te das cuenta? Adentro de estos textos late otra vida -que ya no es la mía-  y tienes que respetarla precisamente porque ya no le pertenece a nadie más que a las propias letras que lo conforman. No la chingues. Y sí lo haces, por favor que no me entere, no te suscribas este blog, no seas bruta ni gandalla.

Y ya, creo que es todo. Por cierto, desde hace como un año y medio me divierto poniéndome una nariz roja e intento aprender el difícil arte de ser idiota en un escenario. La mayoría de los escritos guardados en la categoría clown tips son un resumen de lo que voy aprendiendo en cursos, talleres y ensayos, lo digo nada más para sepan.

PD. Aunque creo que lo que en verdad me molestó es el pendejo de Enrique Bunbury de fondo:

http://rerereliokimaridines.blogspot.com/ 

lunes, noviembre 16

***

El puño de Agus estrellándose contra el ojo de Don. Eso sí nos tomó por sorpresa a todos, no sólo a mí. Porque si Agus hubiera tenido la necesidad de dejar caer su puño sobre algo, todos habríamos jurado que el ojo de Don sería el último lugar donde lo haría. Pero así sucedieron las cosas y qué chingados puedo hacer yo sino recordar y maldecir.

Y bueno, tal vez lo único que necesitan saber acerca de Don es que el tipo era un hijo de puta. Un dealer gordo y asqueroso que siempre olía a vómito y a sudor; lo cual no le impedía en absoluto bajarte a tu vieja cualquier día, y luego mandarte en un paquete sus calzones -los de ella, esos que tanto te gustaban- acompañados por un condón usado. Un culero de tiempo completo, se los digo yo. Lo considerábamos parte de la banda no porque tocara una chingada, sino porque Agus siempre estaba con él por alguna razón. Se conocían desde la infancia y a Don le encantaba contar del día en que le vendió a Agus su primer pasón de coca, cuando éste tenía no más de 13 años. Pero supongo que esa es otra historia.

Las cosas ya estaban mal desde hacía tiempo. Efedrinas, anfetas, metanfetaminas, diazepan, estricnina, metrazol. Don nos surtía de todo tipo de pastas que nosotros aceptábamos como niños recibiendo su colación de navidad. Supongo que ésa era otra de las razones por las cuales habíamos aprendido a quererlo o al menos a soportarlo en todos los ensayos. Las pastas no eran lo nuestro, pero eran bastante divertidas. Un par de pastillitas y enseguida el hervidero de la sangre nos hacía pisar a fondo el pedal de la histeria. Nada puede compararse al acelere del corazón, latiendo como una pera de box golpeada por un gorila desquiciado y sin ritmo; las ganas de patearle el culo al mundo, las ansias que nos hacían colarnos a una fiesta tras otra buscando todo menos el descanso.

Pasábamos días enteros sin dormir, yendo de un lado a otro sólo para gastar energía. Hacíamos dos tocadas por noche y nos emborrachábamos al triple. Siempre mostrando los dientes, como si la mandíbula quisiera escapar de nuestra boca; sin poder quedarnos quietos un solo segundo entre brincos, aplausos, risas y golpes. No, definitivamente las pastas nunca fueron lo nuestro, pero eran demasiado divertidas. Tan sólo necesitábamos encontrar la combinación correcta; una para la subida, después otras dos para la bajada. Todo iba sobre ruedas. Lo mejor entonces era el polvo, esnifar y esnifar hasta sentirse el mero mero rey chingón, el verga de oro, el cristo puede-lo-todo y vengan a ver cómo resucito después de la peda más romana. Pero claro, los problemas aparecen cuando algún imbécil empieza a tomarse en serio el viaje. Alguien como yo, por ejemplo.

jodorowsky

Ayer soñé con Jodorowsky, ese viejito simpático. Hace mucho que no pensaba en él. Estábamos sentados sobre una banqueta cerca de mi prepa. Algo había pasado antes, pero no lo recuerdo. Alguna explosión o alguna muerte, no sé. Me dijo que tenía dos regalos para mí. El primero era una pequeña escalera negra que colocó en el suelo, entre sus piernas, apoyándola en su vientre. Tenía la forma de una A mayúscula, es decir que se hacía pequeña a medida que ascendía.

-El sexo es una escalera con la que puedes descender a los sótanos del infierno, sin ningún problema. Pero no intentes usarla para subir.

-¿Por qué?- le pregunté.

-¡Porque el sexo no es para eso!-respondió enfadado, sacudiendo todo su cuerpo. Después acercó todo su rostro al mío, tanto que pude ver la profundidad de sus arrugas. - Un maestro no es nadie si no enseña a seguir el camino del deseo. 

Después de decir esto, se levantó. Vestía un traje negro y sonreía con sus dientes blanquísimos. Yo no había entendido nada, pero no protesté. Entonces Jodorowsky  empezó a reír y entre carcajadas me dijo:

-Mira, piensa en Cristo que era homosexual, en la virgen que era zoofílica, en la Magdalena que era prostituta, en Dios que es voyeurista, en San Pablo a quien todavía le gustan los azotes. 

Y sonriendo, siempre sonriendo, Jodorowsky me dio la espalda y comenzó a irse. Yo tenía la escalera en mi regazo pero ahora era roja y creo que tenía más escalones. Luego desperté. No recuerdo cuál era el segundo regalo, creo que un sombrero negro, de bombín. Pinches sueños pendejos.